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Galardonados

Día de la Provincia

Enrique Priego Díaz

(Sevilla, 1940) Sacerdote y jornalero

Llega directamente desde el barrio de San Román de la capital hispalense a la localidad sevillana de Pedrera, una comarca de latifundios y jornaleros, ubicada geográficamente en la Sierra Sur de la provincia, en 1969, con 29 años y acompañado por otros dos jóvenes seminaristas como él, Juan Heredia y Miguel Pérez.

Les dirigía Diamantino García, cura obrero y sindicalista, fundador del Sindicato de Obreros del Campo junto a Diego Cañamero, con quien compartían el planteamiento de base de que para acercarse al mundo de sus fieles debían vivir como ellos. Por esta creencia, ninguno de los cuatro lo dudó: renunciaron a su salario y se pusieron a trabajar en el campo.

Inició su labor con inmigrantes desde que empezaron a llegar al pueblo las primeras familias, que recurrían a él para que les gestionara la cartilla médica. Son los más pobres entre los pobres, jornaleros que van de acá para allá buscando trabajo y viviendo en condiciones muy penosas. El padre Enrique los acoge en su casa, al lado de la Parroquia de San Sebastián, única iglesia del pueblo, intentando que sus vidas sean más llevaderas. Y allí sigue. Ejerciendo su labor social, religiosa y humanitaria. Aunque ahora viva de la pensión de 580 euros que le ha quedado de sus tiempos de jornalero.

A raíz de un accidente ocurrido en Pedrera entre dos vehículos, uno conducido por una pareja muy conocida del municipio y el otro por un rumano integrante de una de las familias de esta etnia a la que tiene acogidas, la polémica salpica al sacerdote, que, ante algunos episodios xenófobos que han tenido lugar en el pueblo, ha protegido a los rumanos.

'Yo solo he hecho con esos rumanos lo que me pide Jesucristo: tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; fui forastero y me disteis cobijo; estuve desnudo y me cubristeis; estuve enfermo y me visitasteis; estuve en la cárcel y fuisteis a verme', ha explicado el padre Enrique.

La Diputación de Sevilla concede a Enrique Priego Díaz la Medalla de Oro de la Provincia por una obra social que ha bebido de las fuentes de Diamantino, en un ejercicio 'de solidaridad como ternura de los pueblos' y en la que se han unido íntimamente periódico y Evangelio, sin separar la misa de la actualidad y tratando desde la parroquia de formar ciudadanos con sus necesidades básicas resueltas, libres y preparados para la democracia.